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Juan Francisco Masdeu fue el primer autor que publicó (en 1800) las inscripciones romanas del Salto de la Mora

imagePor Jose María Gavira

El abate jesuita Juan Francisco Masdeu nació en Italia por circunstancias de la vida, pero era y se sentía español. Tanto, que decidió escribir una obra monumental, la Historia Crítica de España y de la Cultura Española, con el fin principal de desagraviar a la nación de los ultrajes de que en aquella época era objeto por parte de ingleses, franceses e italianos, sobre todo tras la publicación de un polémico artículo en la Encyclopédie Méthodique que no dejaba en muy buen lugar a nuestro país. Al mismo tiempo, Masdeu quiso demostrar con su obra que los escritores extranjeros habían tratado las antigüedades de España con suma negligencia.

La Historia Crítica consta de 20 volúmenes, de los cuales el V (de 1788) y el VI (de 1789) los dedicó Masdeu a la epigrafía hispanorromana. Como la obra la escribió en Roma (entre 1783 y 1805), hubo de contar con bastantes corresponsales “anticuarios” a lo largo y ancho de toda nuestra piel de toro. Estos lo mantuvieron al día de los nuevos descubrimientos de lápidas e inscripciones que llegaban a sus oídos. Nos interesa destacar a dos de ellos: los académicos de Buenas Letras de Sevilla Joaquín Cid Carrascal y Antonio Santaella.

De Joaquín Cid Carrascal (abad de la Colegiata del Salvador de Sevilla) dice Masdeu en el tomo IX:

Debo las mas de ellas [se refiere a la información sobre lápidas inéditas] á la actividad y favor del Señor Don Joachin Cid Carrascal, Cura mas antiguo de la Parroquial de San Gil de Sevilla, y Exâminador Sinodal del Obispado de Badajoz. Este dignisimo Eclesiástico ha dado pruebas no solo de su zelo evangelico, dedicandose con el mayor desinterés al servicio de Dios, y al bien de las almas, y fundando en Sevilla la Hermandad de la Caridad, que ha sido para el Publico de indecible provecho, sino tambien de su aplicacion á las bellas letras y demas estudios, concurriendo con el mayor esmero á los gloriosos trabajos de la Real Academia de dicha ciudad, y á los utilisimos adelantamientos de aquella Sociedad Patriotica. Me obliga la gratitud á dar este testimonio publico de los meritos christianos y literarios de un Sacerdote erudíto, que mereciera por su piedad, y doctrina un Teatro mucho más ancho, y mas luminoso.

En cuanto a Antonio Santaella, este era un “doctor físico médico”del Hospital de la Sangre de Sevilla, según nos cuenta Masdeu en el tomo XIX. Santaella escribió una “Disertación física sobre los efectos de la electricidad en animales y plantas” y otras obras no publicadas en las que trató el fuego, el éter, la electricidad (que consideraba un fluido que se encuentra extendido en toda la naturaleza) y la luz desde un punto de vista vitalista, antimecanicista. Sin duda, este médico, naturalista, humanista y filósofo, que acabó siendo profesor de la Universidad de Sevilla, era “un ejemplo de las fronteras difusas que separaban la ciencia y las letras en aquellas época”. Perteneció a la Real Academia Sevillana de Buenas Letras desde 1788 y a la Regia Sociedad de Medicina y demás Ciencias desde 1792.

Ahora veremos qué tienen que ver estos tres simpáticos personajes con Ubrique. En el tomo XIX de la Historia Crítica de España (subtitulado Continuación de los suplementos a los quince tomos primeros), fechado en 1800, dentro de un “Apendiz” (páginas 675 a 678), figura la que quizá sea la primera transcripción publicada en imprenta de las dos inscripciones romanas en sendos pedestales que encontró Juan Vegazo en 1795 en el Salto de la Mora. Según afirma el propio Masdeu en una nota a pie de página, la información se la suministraron

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Obsérvese que la fecha de la notificación es muy temprana, ya que los pedestales fueron descubiertos en 1795 (en febrero o en junio, según distintas fuentes). ¿Estuvieron Cid y Santaella personalmente en Ubrique? En cualquier caso, le comunicaron el hallazgo a Masdeu, quien publicó las inscripciones en el año 1800 de este modo:

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Quiero resumir lo dicho hasta aquí en dos puntos:

>>Las inscripciones fueron publicadas en 1800 (en el tomo XIX de la Historia Crítica, apéndice, páginas 675 a 678).Masdeu copió correctamente la palabra “Ocvritanorvm”.

>>Y quizá podamos deducir como legítimo corolario de la segunda verdad que Cid y Santaella le transmitieron a Masdeu correctamente la información en 1796.

image Calco de una de las inscripciones que se encontró en el Salto de la Mora en 1795 realizado por Giacomo Gillani Martín, profesor en Ubrique.

No fue un hombre con suerte nuestro Masdeu. Siendo uno de los mayores defensores de España, fue expulsado de su país por su condición de jesuita. Para colmo, poco a poco fue despertando recelos entre los “anticuarios” españoles, especialmente los vinculados a la Real Academia de la Historia, institución que le fue dificultando su trabajo al impedirle el acceso a las “cédulas epigráficas” y respondiendo negativamente a otras solicitudes. (A pesar de ello, la Acadermia no pudo dejar de acoger a una autoridad de su calibre y en 1802 lo nombró correspondiente.) Fíjense si nació “desestrellado” que su Historia Critica fue incluida en la lista de libros prohibidos por la Inquisición, según nos explica Helena Gimeno Pascual.

 

Sobre el error de la doble erre en Ocvritanorvm

 

Está más que demostrado que en las dos inscripciones que encontró Juan Vegazo en el Salto de la Mora en 1795 la palabra “Ocvritanorvm” (abreviada en uno de los casos como “Ocvritanor”) estaba escrita con una sola erre. Sin embargo, muchos autores han escrito desde entonces “Ocurri” u “Ocurris” (Fray Sebastián escribía “Occurris”), no “Ocuri”. El arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa y el profesor del Instituto de Enseñanza Secundaria Virgen de los Remedios Giacomo Gillani Martín han investigado en el origen del error y han seguido su huella en la historia.

imageDe todos los aspectos relacionados con dicho error, el que me resulta más enigmático es el relacionado con la participación en este galimatías del gran especialista en epigrafía latina Emil Hübner, autor del celebrado y muy citado Corpvs Inscriptionvm Latinarvm (volumen II) que transcribió en el segundo volumen de dicha obra (1869) los vocablos mencionados con dos erres, como podemos comprobar en esta imagen:

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Los historiadores Luis Baena y María José Berlanga (2004: 413, nota 34) aseguran lo siguiente:

Se las enviaron [las copias de las inscripciones, a Hübner] Cid y Santaella, y luego Rodríguez de Berlanga, el cual leyó correctamente ocuritanorum, aunque Hübner no aceptó esta lectura y añadió una “r” que en el original no existe. De aquí viene la confusión o la diferente grafía según los autores, de escribir el topónimo con una o dos “erres”. Para FITA, F. (1991), 412, ambas lecturas son correctas, pero en aras al respeto por el epígrafe conservado nosotros hemos optado por aceptar el vocablo original, lo que por otra parte es lo común en la actualidad.

Efectivamente, el malagueño Manuel Rodríguez de Berlanga hizo saber a su amigo Hübner que había cometido un error. Hübner reconoce haberse dado por enterado, como él mismo lo deja reflejado en dos notas al pie de la entrada OCVRRI de su Corpvs Inscriptionvm Latinarvm (volumen II) reproducido más arriba y que aquí extraigo y amplío:

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Así que Hübner admite en el pie de página de la ficha “OCVRRI” que, según Rodríguez de Berlanga (Berl.), la inscripción decía “OCVRITANORVM”. Además, Hübner demuestra en otra nota conocer las fuentes de Masdeu, Cid y Santaella, quienes, como he dicho, transcribieron las lápidas correctamente. Y a pesar de todo, el erudito alemán mantuvo las dos erres en el título de la ficha. Más aún: el alemán conocía personalmente al cura de Grazalema Francisco Mateos Gago, e incluso trabajó con él directamente, y este último erudito llegó a tocar las lápidas con sus manos y sabía positivamente que lo escrito era Ocvritanorvm (Guerrero Misa 2006: 42). (Paradójicamente, y para complicar más la historia, años más tarde Rodríguez de Berlanga escribía con dos erres los nombres en carta a Mateos Gago (Guerrero Misa 2006: 42). ¿Es que se había dejado convencer por Hübner…?)

Podría decirse, pues, que Hübner persistió en su “erre que erre”. Pero  ¡¿por qué?!

Es posible que el alemán pudiera ser inducido al error por la Real Academia de la Historia, que en 1805 publicó las inscripciones con dos erres. O por el párroco castrense destinado en Ubrique Simón de Zamora, que al parecer envió una carta a dicha Real Academia fechada el mismo año en la que mezcla “Ocuritanorum” y “ocuritano” con “ocurritanorum” y “ocurritanos” (Baena y Berlanga 2004: 401-402). (En otro escrito del Padre Zamora fechado en 1823 y del que se conserva una copia en el Archivo Municipal de Ubrique el autor ya solo empleaba las palabras con las dos erres (Guerrero Misa 2006: 42-44).)

Sin embargo, parece ser que Hübner modificaba algunas de las lecturas ya editadas cuando detectaba errores en ellas. ¿Cómo se explica que en este caso el erudito alemán no aceptara corregir su “error” a pesar de Rodríguez de Berlanga se lo había hecho saber?

El asunto es enigmático… Solo encuentro una explicación. Este autor había recorrido cientos de kilómetros en busca de inscripciones, y, en consecuencia, había estudiado miles o decenas de miles de ellas. Así que de epigrafía entendía algo. ¿Es posible, pues, que le resultara extraña la erre simple y sin más la doblara pensando que se la habían comunicado erróneamente? Una hipótesis de este tipo ya la adelantó en 1934 Enrique Romero de Torres en su “Catálogo Monumental de España: Provincia de Cádiz” (Guerrero Misa 2006: 41).

 

Divagación sobre el nombre de la ciudad iberorromana del Salto de la Mora

imageIndependientemente de todas estas consideraciones, hay algo que no entiendo: ¿qué razonamiento ha conducido a inferir, a partir del vocablo “Ocvritanorvm”, que la ciudad romana de Ubrique se llamaba “Ocuri”? Obsérvese que lo que se ha hecho es simplemente apear la desinencia –tanorum del genitivo plural del topónimo.

Existen muchas ciudades romanas cuyo nombre acaba en –i (Iptuci, Ilici, Iliturgi, Astigi…). Es cierto que aplicando la sencilla regla de amputar el apéndice –tanorum a muchos gentilicios romanos nos topamos (nunca mejor dicho) con el nombre del topónimo. Es el caso de Iptucitanorum, palabra que ha aparecido en una inscripción al igual que ha aparecido Iptuci, de donde procede aquella. Ahora bien, no olvidemos que toda regla tiene sus excepciones. Supongan ustedes que no nos hubieran llegado los nombres latinos de las ciudades romanas de Cádiz y de Málaga. Entonces, si descubriéramos inscripciones que contuvieran los topónimos genitivos imagegaditanorum” y “malacitanorum”, ¿quitaríamos sin más la terminación –tanorum para concluir que los topónimos eran Gadi y Malaci? Erraríamos, pues se sabe que eran Gades y Malaca. En la puerta de Caracalla de la más importante ciudad romana del Norte de África se lee “Respublica Volubilitanorum”. Pregunta de concurso: ¿cómo se llama la ciudad? Si deducen “Volubili” por el razonamiento de quitar el sufijo –tanorum a Volubilitanorum, fallarán, ya que el nombre correcto era Volubilis (esto se sabe con certeza porque han aparecido inscripciones que contienen ese nombre así escrito, con la s).

Así que ¿por qué Ocuri? ¿No podrían inferirse otras raíces de Ocvritanorvm, pongo por casos Ocuris, Ocurit, Ocures, Ocur…? Hay un autor (Miguel Cortés y López, en su Diccionario Geográfico-Histórico de la España Antigua, Tarraconense, Bética y Lusitana, de 1836, página 241) que deduce Ocuritanum

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imageTratando de saber más de todo esto me encontré en Internet con un extraordinario trabajo didáctico sobre nuestra ciudad iberorromana redactado por Pablo Acosta Robles, que fue durante muchos años profesor del Instituto Los Remedios de Ubrique .

imageLeyendo el documento aprendí muchas cosas, pero me interesó una especialmente: que se ha descubierto cerca de Ubrique una moneda romana que contiene la leyenda OQVR.

En el trabajo no se recoge la moneda, pero sí se da la referencia bibliográfica: el Corpus Nummum Hispaniae ante Augusti Aetatem, escrito por Leandre Villaronga en 1994. Me dirigí a una biblioteca universitaria y encontré las fotos de la pieza, que reproduzco aquí:

moneda_OQVR_loscallejones.blogspot.com

Aparece en la página 125 de la segunda edición del libro, dentro de la colección de la ceca de Iptuci. Se trata de un cuadrante (cuarto de as) de bronce, de entre 15 y 16 mm y 3,80 gramos de peso. El anverso contiene una cabeza barbada y diademada que mira hacia la derecha; el reverso, un bastón o cetro separando dos campos rodeados de una láurea. En el campo superior (izquierdo, según otros autores) aparece una luna creciente, un glóbulo y estrellas de cinco puntas; en el inferior se aprecia la leyenda libio-fenice (según Villaronga) OQVR, con las dos últimas letras nexadas (unidas).

Villaronga la considera acuñada en algún momento del siglo I a.C. en la ceca de Iptuci, pero António José Marques de Faria cree, citando a Antonio Tovar, que OQVRes una abreviatura del topónimo OQVRI (= Ocuri)” (pág. 124), es decir, que fue acuñada en nuestra ciudad iberorromana. En otro artículo este autor portugués asegura que “OQVR(i)/*Ocuri es el origen de OCVRITANORVM” (pág. 325), si bien admite que el catedrático de la Universidad de Sevilla José Antonio Correa Rodríguez tiene sus dudas al respecto. Correa, experto en investigación lingüística de textos epigráficos latinos, dice que OQVR es un topónimo prerromano pero advierte de que “aunque se conoce epigráficamente el adjetivo OCVRITANVS, no se puede asegurar que sea OCVR(i)” (pág. 151). Y, como siempre existen opiniones para todos los gustos, hay quien afirma que OQVR era el nombre de un magistrado de Iptuci, según nos cuenta Marques de Faria en otro lugar.

Todo esto me hace preguntarme: ¿no se llamaría en realidad nuestra ciudad iberorromana Ocur, al menos en los tiempos de los que data la moneda? (La terminación –ur no es ajena a algunos topónimos romanos o hispanorromanos, como Ostur o Subur.) Si era así, supongamos –insisto, supongamos– que los romanos le agregaran una i para “latinizar” el nombre… En tal caso, ¿cómo pronunciarían el vocablo resultante…? ¿Ocuri u Ocurri?

Es posible que Hübner se decantara porla segunda forma y que por esa razón escribiera Ocurri en su tratado a pesar de reconocer que le habían informado de que el genitivo plural del topónimo se escribía con una sola r en las lápidas encontradas.

Lo más curioso es que hay otros topónimos romanos morfológicamente parecidos al nuestro en que se produce una confusión semejante. Graccurris es un caso. Tito Livio escribe el nombre de esta ciudad tanto Graccurris como Graccuris (LXI, 4): Ptolomeo (II, 6, 66): Grakouris; y también están documentadas las palabras Gracchuris y Graccuritani. Y Graecuris. Finalmente, hay quien prefiere llamar la antigua Alfaro riojana simplemente Gracuris. Calaguris/Calagurris es otro ejemplo. Salustio recoge recoge el nombre con una sola r, pero Livio y Estrabón la escriben con dos.

En el caso de las palabras Graccurris y Calagurris podríamos decidirnos por la erre simple o la doble siguiendo criterios estadísticos, pues aparece escrita en muchas fuentes. En el del nombre de la ciudad iberorromana del Salto de la Mora es imposible por el momento porque solo existen dos leyendas lapidarias (del genitivo plural del topónimo, no del topónimo en sí) y una monetal (*). Si encontráramos más…

Conjeturas aparte, lo que me queda claro es que en cuanto al genitivo del nombre de nuestra ciudad iberorromana lo sensato es respetar la grafía Ocuritanorum, pues así es como ha aparecido. Pero, en cuanto al propio nombre, no alcanzo a entender que se haya optado por Ocuri (deducido de la inscripción Ocuritanorum) cuando existe una moneda en la que se lee Oqvr, que se supone que leeríamos Ocur

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Nota final: Quiero dejar claro que entiendo perfectamente que cuando los especialistas (como el arqueólogo Luis Javier Guerrero Misa) han optado por llamar Ocuri al oppidum hispanorromano del Salto de la Mora (Ubrique) lo han hecho basándose en argumentos científicos sólidos y respetables. Son ellos quienes más saben del asunto. Yo, que solo soy una persona interesada en el tema, me he limitado a expresar mi ignorancia y a poner de manifiesto que no entiendo esos argumentos y que puestos a escoger no me inclino ni por Ocuri ni por Ocurri, sino por Ocur (que es como se ha encontrado escrito), al menos mientras no aparezcan nuevas inscripciones que confirmen o refuten.

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(*) El conocido epigrafista de la Real Academia de la Historia Padre Fidel Fita consideraba que existía otra inscripción referida a la ciudad iberorromana del Salto de la Mora. Se refiere a una lápida que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y en la que se lee la palabra Vccor, que para este erudito es precisamente el origen del nombre de Ubrique. Copio literalmente lo que decía Fita en un Boletín de la Real Academia de la Historia de 1911:

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Obsérvese que el Padre Fita agrega una i entre paréntesis a Vccor. Sin embargo, en el Corpus de inscripciones latinas de Andalucía (volumen III, tomo I, inscripción 118, página 170) aparece esta inscripción sin la i y completada como sigue:

[B]AEB(ivs).DECENTIVS
. VCCOR(itanvs)
F A C I E N D V M
C V R A V I T
H(ic).S(itvs).E(st).S(it).T(ibi).T(erra).LEVIS

Y la traducción que dan es:

Baebio Decentio, uccoritano, procuró que se hiciera. Aquí reposa. Séate la tierra leve.

Según los autores de este Corpus, los caracteres paleográficos invitan a pensar que la inscripción data del siglo II después de Cristo, es decir, es aproximadamente de la misma época que las inscripciones que encontró Juan Vegazo en las que se lee Ocvritanor(vm), y unos 3 siglos posterior a la acuñación de la moneda OQVR.

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Referencias bibliográficas no enlazadas en el texto:

  • Historia Crítica de España y de la Cultura Española, tomo XIX, de Juan Francisco Masdeu (1800).
  • Baena del Alcázar, Luis, y Berlanga Palomo, Mª José (2004): Las antigüedades de Ocuri (Ubrique, Cádiz) según los documentos de la Real Academia de la Historia, Mainake, XXVI, Málaga, pp. 395-416.
  • Gillani, Giacomo (2007): Res Pvblica Ocvritanorvm, El nuevo Miliario, 4, pp. 14-19.
  • González Román, Cristobal, y Mangas Manjarrés, Julio (1991): Corpvs de Inscripciones Latinas de Andalvcía, volumen III: Jaén, tomo I, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
  • Guerrero Misa, Luis Javier (2006): Juan Vegazo, descubridor de la ciudad romana de Ocuri y pionero de la arqueología de campo en Andalucía, Papeles de Historia, 5, pp. 34-58.
  • Las actas de las sesiones de la Real Academia de la Historia en las que se trataron las noticias que llegaban sobre las antigüedades descubiertas en Ubrique están citas en este enlace, que es un extracto de un trabajo de Jorge Maier Allende.

2 Respuestas a Juan Francisco Masdeu fue el primer autor que publicó (en 1800) las inscripciones romanas del Salto de la Mora

  1. Esperanza Responder

    22 abril 2009 en 22:30

    Me ha encantado. No sólo la apabullante documentación y la gigantesca cantidad de información, sino por el alma que hay puesta en esa entrada. Yo no soy arqueóloga ni científica, sólo soy filóloga, y casi lo único que tengo claro es que somos los que hablamos los que hacemos nuestra propia lengua . Hace más de doscientos años que decimos "ocurris", por las razones que sean, y no hay que cambiar esta pronunciación por mucho que se empeñen ahora. ¿O es que si algún iluminado descubriera que la palabra Sevilla se copió erróneamente hace doscientos años y que le sobra una ele los sevilanos llamaría a su ciudad Sevila?
    Gracias a los errores y a las abreviaturas de los lapicidas y los copistas tenemos nuestra eñe española(su virgulilla era una g en origen) y los que viven en un lugar concreto son los que definen el nombre de los lugares que los rodean, por eso nuestras calles se siguen llamando San Pedro, o Pilita abajo, o del Perdón, o Los Callejones, por mucho que quieran cambiar los nombres.
    Así que me encanta seguir llamando Ocurris a la ciudad romana del Salto de la Mora (que se sigue llamando mora aunque haya restos romanos), me encanta que nos hayas propuesto argumentos científicos a favor y me encanta no tener absolutamente ningún pudor a la hora de pronunciar, con mi buen acento andaluz, una palabra que los ubriqueños han oído pronunciar desde hace doscientos años.
    Esperanza Cabello.

  2. Jose Mª Gavira Vallejo Responder

    23 abril 2009 en 09:53

    Gracias, Esperanza (te debo una caña en la cafetería del hotel Ocurris :-)
    Lo que ha pasado con el repentino cambio de nombre de las ruinas del Salto de la Mora me lo resumía el otro día alguien con una frase muy graciosa: "Entré en la Escuela-Taller Ocurris y salí a los tres años de la Escuela Taller Ocuri".

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